Blog de psicoresiliencia. Guadalupe Jiménez

Resiliencia en la vejez


Autora: Guadalupe Jiménez
A pesar de que en la vejez se acumulan experiencias desfavorables y altamente estresantes, es decir, hay una acumulación de factores de riesgo, muchos mayores consiguen adaptarse a los cambios y siguen reportando adecuados niveles de satisfacción con la vida o, al menos éste no decrece en comparación a etapas anteriores. 

Investigadores como Jiménez Montorio, Izal han observado que los niveles de depresión o de ansiedad que padecen las personas mayores son igual o menores que los que padece los adultos o jóvenes. A este fenómeno se le denomina “la paradoja del bienestar” (Staudinger et al., 1995), y constata que la resiliencia ocurre de manera mucho más usual de lo que pudiera pensarse e, incluso, puede ser considerada como un fenómeno ordinario más que extraordinario (Bonanno, 2004).

Los eventos adversos que ocurren en la vejez, echan a andar  mecanismos de adaptación (Greve y Staudinger, 2006). Por poner un ejemplo, las personas mayores pueden tener declive en algunas habilidades cognitivas; sin embargo, esto no determina su funcionamiento cognitivo. Gracias a los múltiples conocimientos y habilidades aquiridos a través de los años, las personas mayores encuentran mecanismos para compensar la disminución o pérdida de otras funciones o habilidades. Baltes y sus colaboradores estudiaron ampliamente este proceso a finales de los años y llegaron a la conclusión de que el proesos de compensación indica que la resiliencia ocurre diariamente en la vejez, es decir, es un fenómeno normativo.

La pregunta es, ¿Qué mecanismos pueden llevar a la resiliencia?

Las investigaciones han constatado que determinados recursos tienen la capacidad de amortiguar los efectos de los eventos estresantes. Por ejemplo, se encontró que altos niveles de afectos positivos (buen estado de ánimo, satisfacción, optimiso, agradecimiento, etc.) ayudan a amortiguar el estrés (Labouvie-Vief y Medler, 2002). La idea básica es que si un dominio o área se ve amenazada, muchas otras áreas de protección se activarán para protegerla o subsanarla.

Los recursos asociados a la resiliencia (también llamados factores protectores o recursos) son de naturaleza múltiple y cambian en los diferentes periodos de la vida, además cabe recordar que se encuentran en los niveles individuales, familiares y sociales o de comunidad. (Heckhausen, 2001, Luthar et al., 2000). 

Por ello conviene cuidar no sólo la salud física y emocional de las pesonas mayores, también hay que tener en cuenta que la familia tiene recursos importantes como el apoyo emocional y el instrumental. Por otro lado, en la comunidad hay diversos recursos, por citar alguno, los espacios libres de barreras arquitectónicas permiten salir del hogar, dar un paseo de forma segura y ello también impulsa el mantenerse activos.   

Referencias:

Baltes, P.B. and Freund, A.M. (2003). Human Strengths as the orchestration of Wisdom and Selective Optimization with Compensation. En L.G. Aspinwall and U. Staudinger (Ed.), A Psychology of Human Strengths. Fundamental Questions and Future Directions for Positive Psychology. (pp.23-35). American Psychological Association, Washington, D.C

Bonanno, G.A. (2004). Loss, trauma and human resilience. Have we underestimated the human capacity to thrive after extremely aversive events? American Psychologist 59(1), 20-28.

Heckhausen, J. (2001). Adaptation and Resilience in Midlife. Handbook of midlife development. (pp.345-394). New York, NY: John Wiley.1.

Jiménez, A., Izal, M., y Montorio I. (2017). The association of age, sense of control, optimism, and self-esteem with emotional distress.  Developmental Psychology, (May).

Labouvie-Vief, G.M. and Medler (2002). Affect optimization and affect complexity: models and style of regulation in adulthood. Psychology Aging, 14 (4), 1-88. 

Staudinger, U.M., Marsiske, M., and Baltes, P.B. (1995). Resilience and reserve capacity in later adulthood: Potentials and limits of development across the life span. En D. Cicchetti and D. Cohen (Ed.), Manual of Developmental Psychopathology (Vol. 2: Risk, disorder and adaptation; pp.801-847). New York: Wiley 


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